¿Qué recordará de Tucumán el parapentista suizo Bruno Albert, que en 2006 se vio obligado por los vientos a bajar en el puente Negro en Famaillá, donde fue asaltado? Tuvo la mala suerte de aterrizar en una villa de emergencia, se le acercaron dos jóvenes, lo encañonaron y le quitaron billetera, documentos y vestimenta. Su recuerdo no ha de ser cordial. Sin embargo, la explicación podría ser que tuvo muchísima mala suerte. Es que la ciudad de las réplicas no figura como zona roja en el mapa de la inseguridad. Al contrario, Famaillá, que en 2018 figuraba en el registro nacional sobre seguridad, junto a Tafí del Valle y Simoca, como los tres sitios que no habían registrado homicidios en la provincia, ha ganado en los últimos tres lustros una imagen de lugar para visitar. Tranquilo, aun cuando hace una semana el femicidio de Yannet Valladares, ocurrido prácticamente en la entrada del hospital famaillense, conmocionó a la localidad. ¿Con qué vara se puede medir la seguridad en un lugar? ¿A dónde viviría una persona en Tucumán, si pudiera elegir? Son preguntas complicadas en una provincia que registra este año un récord de homicidios -pese a que los siete asesinatos de diciembre parecen indicar un freno en la salvaje escalada de los últimos meses- y en la que la sensación de inseguridad se ha convertido en la principal preocupación de los tucumanos. Lo señaló la encuesta encargada por LA GACETA hace un mes y lo señalan otros sondeos. Hay que aclarar que esta preocupación ya es casi endémica: las inquietudes por los riesgos para circular por la vía pública ya se expresaban como centrales en los relevamientos realizados en los últimos tres lustros. Ciertamente, desde el 2006, la provincia ha pasado de un promedio de 60 homicidios por año al actual de 130 (este año terminará con una cifra de más de 150 asesinatos), es decir un crimen cada dos días y medio. Volvamos a la pregunta: ¿dónde viviría una persona en Tucumán, si pudiera elegir?
El GPS consejero
Los turistas (también los tucumanos) tienen ciertos servicios de ayuda para decidir en la actualidad (que acaso le hubieran venido bien en 2006 al parapentista Arnold). Por ejemplo, si van por avenida Belgrano, el GPS del auto les indica los nombres de calles, lomos de burro y otras circunstancias; pero si giran por avenida Ejército del Norte hacia el norte, les advierte: “cuidado, estás entrando en zona peligrosa”. Un motociclista, con mayor razón, sabrá que su integridad física está en mayor riesgo en la avenida donde en febrero atacaron a ladrillazos al conductor Carlos Fabersani para quitarle su moto. Los tucumanos capitalinos saben que al norte de la Belgrano está “la Bombilla” y que no es bueno pinchar una rueda en la calle Italia, en cercanías de la Ejército del Norte. Pero más hacia el este, por el barrio El Bosque, la situación se tranquiliza.
Los viajeros tienen además la ayuda de otros que ponen sus experiencias en cuadernos de viaje por internet. “Camino un montón de cuadras hasta el centro. Los barrios que atravieso parecen villas y me siento asustada pero bajo caminando. Alerta, rara. Como si estuviera en Buenos Aires caminando por lugares que sé que son peligrosos; pero ¿son peligrosos? ¿O los pensamos peligrosos? Siento nervios. Camino rapidísimo. No quiero ni sacar el celular”, cuenta la viajera solitaria Camila Tisi en su blog sobre una visita de 2019 a la capital.
Si fuera tucumana hubiera sabido por dónde ir y por dónde no. Pero los viajeros se las arreglan como pueden por donde van, ya sea en las ciudades europeas o en las playas o el desierto australianos. En el sitio Trip Advisor, el ecuatoriano Miguel Coellar relata: “es una ciudad bastante complicada, es riesgoso andar por la noche aunque sea centro; hacia el lado de Yerba Buena hay algo más de seguridad. Sin embargo no te recomiendo andar por las calles pasadas las 19 hs. Tené cuidado con las motos ya que suelen arrancar las pertenencias o de frente asaltarte”. ¿Cómo saber si es seguro el lugar por donde uno va? El sitio Pois-gps.com.ar muestra un mapa de las zonas peligrosas en toda la Argentina y en San Miguel de Tucumán marca bastantes sitios que coinciden con la impresión que, a priori, podrían tener los tucumanos.
La densa periferia capitalina
Las autoridades dicen que ya tienen un mapa de zonas rojas concentrado en primera instancia en la capital, que acumula la gran mayoría (el 80%) de los crímenes de sangre. Y su periferia norte, este y sur roza zonas de altísima inseguridad, como Las Talitas, Alderetes y el área cercana a Manantial Sur. Sobre ese mapa distribuyeron los primeros 400 policías de recorrido del programa “Cuadrantes de patrulla” -Villa Amalia, San Cayetano, Villa 9 de Julio, barrio Echeverría y Villa Muñecas-. Más allá del hecho de que en barrios como La Costanera, donde el programa se viene aplicando desde hace un año y medio, no hay cambios, los hechos de diciembre publicados en LA GACETA dan cuenta de lo difícil de enfrentar el problema. Hace una semana en Villa 9 de julio hubo tres homicidios en salvajes tiroteos, aparentemente en peleas por venta de drogas. No obstante, un informe de las mismas autoridades da cuenta de que los vecinos de barrio Echeverría estaban contentos con las patrullas.
El experto en seguridad Federico Pelli advierte sobre la precariedad de los mapas de zonas rojas en una provincia que recopila flojamente los datos para estadísticas, puesto que la encuesta nacional de victimización de 2018 arroja un 70% de cifra negra. ¿Cómo hacer un mapa si sólo se conoce el 30% de lo que pasa?, pregunta.
Volviendo a la inquietud sobre dónde se elegiría vivir si se pudiera, una respuesta la dio la tendencia que reveló el primer outlet del NOA, de gente que buscaba countries, en primer lugar. “La tendencia es buscar vivienda en lugares protegidos”, se titula la nota del 23/11. Hay una cierta coincidencia en la apreciación del turista ecuatoriano que señaló como más segura a Yerba Buena, la localidad de los countries. Allí se registran pocos homicidios (con conmocionantes excepciones, por cierto) y de algún modo, el poder adquisitivo, el uso de vehículo particular y las posibilidades de que la gente se procure sus propias medidas de protección (alarmas, sensores, etcétera) baja el impacto del delito callejero. Allí se cuentan escruches o los robos como el de la cortadora de césped detectada por cámaras de vigilancia en el barrio San Antonio de Padua, al sudeste de la “Ciudad Jardín”.
En los barrios periféricos de la capital, al contrario, se ve cómo la gente es atacada por delincuentes que son sus propios vecinos y hay muchísimos lugares -como el barrio Los Apóstoles de las Talitas- donde los habitantes dicen que viven presos en sus casas, desconfían de sus vecinos y tienen identificados a los ladrones. Dos crónicas de este mes dan cuenta de cómo los asaltantes y ladrones atacaban a la gente cercana a sus casas.
El interior tucumano es más tranquilos, aunque crímenes como el de “Pepe” Porcel en La Ramada de Abajo han dado pie a la convicción de los productores de que toda la provincia es “zona roja”. No obstante, pareciera que el gran problema es el gran abandono de las autoridades por el interior profundo. Acaso por eso han ocurrido dramas como el del obrero Luis Espinoza, de Monteagudo, secuestrado y asesinado por efectivos policiales.
Las autoridades han prometido estudiar el mapa del delito y georreferenciar los homicidios y los hechos de violencia e inseguridad de los de los últimos años, así como ampliar el programa de cuadrantes. ¿Se podrá dar calidad a este programa? ¿Podrán avanzar hacia una estrategia para enfrentar el gran drama de la violencia contra la mujer, que este año, con más de 20 femicidios- ha mostrado que el peligro para la mujer está en todas partes, afuera y adentro de su casa?
Hay lugares, como Medellín (Colombia) que en 25 años ha pasado de ser una zona roja brutal a un “Silicon Valley” colombiano. Acaso, tras las terribles estadísticas de un período extremo como 2020, en el nuevo año sea posible responder la pregunta de dónde viviría una persona en Tucumán, si pudiera elegir.